domingo, 24 de abril de 2016

Como rezar

“Podemos hacernos una pregunta muy sencilla. Está bien creer en Dios con todo el corazón, está bien esperar que nos ayude en las dificultades, está bien sentir el deber de agradecerle. Todo bien. Pero ¿Queremos también un poco al Señor? ¿El pensamiento de Dios nos conmueve, nos asombra, nos enternece?

Pensamos en la formulación del gran mandamiento, que sostiene todos los otros: ‘Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas’ (Dt 6,5; cfr Mt 22, 37).  La fórmula usa el lenguaje intenso del amor, derramándolo en Dios. (…)

¿Logramos pensar en Dios como la caricia que nos tiene en vida, antes de la cual no hay nada? ¿Una caricia de la cual nada, ni siguiera la muerte, nos puede despegar? ¿O lo pensamos solamente como el gran Ser, el Todopoderoso que ha hecho cada cosa, el Juez que controla cada acción?”.
Papa Francisco


martes, 15 de marzo de 2016

Como confesarnos

Tras la Resurrección fue el propio Jesús quien instituyó el sacramento de la Confesión. En el evangelio de San Juan (20,19-23) se narra como Cristo da a sus apóstoles ( los primeros sacerdotes ) la potestad de perdonar los pecados.

“Dios nos comprende, nos espera, no se cansa de perdonarnos si sabemos volver a él con el corazón arrepentido” Papa Francisco

Jesús, nos quiere con él en el Cielo y nos deja un medio establecido para poder reparar las ofensas que pudiéramos cometer.

La Iglesia propone 5 pasos para preparar y hacer una correcta confesión:

1. Examen de Conciencia.
Ponernos ante Dios que nos ama y quiere ayudarnos. Dios está en todas partes, y cualquier sitio es válido para preparar la confesión, pero nos ayudará mucho hacerlo delante del Sagrario o de una imagen de Jesús Crucificado.  Analizar nuestra vida y abrir nuestro corazón sin engaños.

2. Arrepentimiento. Sentir un dolor verdadero de haber pecado porque hemos herido con nuestras obras u omisiones al que más nos quiere: Dios, nuestro Padre.

3. Propósito de no volver a pecar. Si verdaderamente amo, no puedo seguir hiriendo al amado. De nada sirve confesarnos si no queremos mejorar. Podemos caer de nuevo por debilidad, pero lo importante es la lucha, no la caída, y levantarse cada vez, como Cristo en el Calvario.

4. Decir los pecados al confesor. El Sacerdote es un instrumento de Dios. Abandonemos  la “vergüenza” o el “orgullo” y abramos nuestra alma, Dios es quien nos escucha.

5. Recibir la absolución y cumplir la penitencia. Es el momento más hermoso, pues recibimos el perdón de Dios. La penitencia es un acto sencillo que representa nuestra reparación por la falta que cometimos. Es preciso abrir el corazón y recibir con humildad y verdadera Fe el perdón que se nos está concediendo.

jueves, 21 de enero de 2016

El Papa advierte que los celos y la envidia 'matan'

''Impiden la felicidad'', son ''pecados que crecen como hierba mala''; asegura
Sostiene que por celos ''se mata con la lengua'' porque todo comienza con la envidia y sigue con los chismes

CIUDAD DEL VATICANO (21/ENE/2016).- El Papa Francisco advirtió que los celos y la envidia "matan", "impiden la felicidad", son "pecados" que crecen "como hierba mala" y también existen en las comunidades cristianas.

En el sermón de su misa matutina, celebrada en el capilla de su residencia vaticana de Santa Marta, insistió que los celos son una "enfermedad".

"¡Qué cosa fea es la envidia! Es una actitud y un pecado feo. En el corazón, los celos o la envidia crecen como mala hierba: crecen y no dejan crecer la hierba buena. Todo lo que le parece que le hace sombra, le hace mal. ¡Nunca está en paz! ¡Es un corazón atormentado, un corazón feo!", dijo.

"Además, el corazón envidioso lleva a matar, a la muerte. Y la escritura lo dice claro: por la envidia del diablo, entró la muerte en el mundo", agregó.

Insistió que la envidia no tolera que otro tenga algo que uno no tiene y hace sufrir siempre, porque el corazón del celoso y el envidioso sufre, mientras desea "la muerte de los demás".

Sostuvo que no es necesario "irse muy lejos" para ver ejemplos, porque dentro de los mismos católicos, por celos "se mata con la lengua" porque todo comienza con la envidia y sigue con los chismes.

Aseguró que él busca en su corazón si existen celos o envidia, que no le hacen feliz y lo llevan a ver lo bueno que hay en el otro como si estuviera en contra de uno. "¡Y éste es un pecado feo! Es el comienzo de tantas, tantas criminalidades", apuntó.

domingo, 17 de enero de 2016

El Papa y la educación

VATICANO, 16 Ene. 16 / 06:39 am (ACI).- El Papa Francisco ha enviado esta mañana desde Roma un vídeo mensaje con motivo del Congreso Interamericano de la Educación Católica en Brasil en el que pide una formación según el cristianismo.

Del 13 al 15 de enero se celebró en San Pablo (Brasil) este congreso en el que participaron numerosos docentes de todo el continente americano.

El Santo Padre explica que ser educador es lo que hizo Jesús y explica que, contra todo un sistema educativo de los doctores de la Ley, de la rigidez Jesús educa en “las Bienaventuranzas”, y el protocolo sobre el cual vamos a ser juzgados, “que está en Mateo 25”.

Francisco indica en el vídeo que la educación “es probablemente ahora uno de los desafíos más grandes” y denuncia que “el pacto educativo está roto”.

El Papa advierte de que el acceso a la educación es más difícil cada vez con el peligro de volverse “nominalista” porque da nociones a los contenidos pero no “completa todo lo humano porque la persona, para sentirse persona, tiene que sentir, tiene que pensar, tiene que hacer”.

En su opinión, los profesores tienen un papel fundamental pero también recuerda que son los que normalmente “sufren la injusticia más grande”. “Son los peores pagados, o sea, no hay conciencia del bien que puede hacer un educador”.

El Pontífice tiene palabras para los jóvenes y les pide saber “sentir” y “trabajar juntos” aunque sean de distintas religiones, etnias o culturas.

Francisco anima también a los profesores y les pide que “no se cierren a nuevas propuestas” y defiendan la cultura del encuentro.

viernes, 1 de enero de 2016

Bendiciones en el nuevo año y calendario para imprimir

Oración para el año que termina y el que empieza

Gracias señor por todo cuanto me diste en el año que termina.
Gracias por los días de sol y los nublados tristes por las tardes tranquilas y las noches oscuras.
Gracias por lo que nos prestaste y luego nos pediste.
Gracias señor por la sonrisa amable y por la mano amiga, por el amor y todo lo hermoso, por todo lo dulce, por las flores y las estrellas, por la existencia de los niños y de las personas buenas.
Gracias por la soledad y por el trabajo, por las inquietudes y las dificultades, por las lágrimas, por todo lo que nos acerco a ti.
Gracias por habernos conservado la vida, por habernos dado techo, abrigo y sustento.

¿Que nos traerá el año que comienza?
Lo que quiera Señor pero te pedimos:
FE: para mirarte en todo.
ESPERANZA: para no desfallecer.
CARIDAD: para amarte cada vez mas y hacerte amar por los que nos rodean.
Dadnos  paciencia, humildad, desprendimiento y generosidad.
Dadnos Señor lo que Tu sabes que nos conviene y no sabemos pedir.
Que tengamos un corazón alerta, el oído atento, las manos y la mente activos y que nos hallemos siempre dispuestos a hacer tu voluntad.
Derrama Señor tu gracia sobre todos los que amamos y concede tu paz al mundo entero.
Así sea...

jueves, 24 de diciembre de 2015

Mensaje navideño de Monseñor Heriberto Bodeant

Mons. Bodeant: “En Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, nosotros conocemos el Amor de Dios”

Tomado de http://iglesiacatolica.org.uy/blog/mons-bodeant-en-jesucristo-verdadero-dios-y-verdadero-hombre-nosotros-conocemos-el-amor-de-dios/

En su mensaje para la Navidad, el Obispo de Melo, Mons.Heriberto Bodeant, recuerda que en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, descubrimos que Dios es Amor y en su rostro “contemplamos al Padre misericordioso que sale al encuentro de todos”.
El Obispo señala que “el Niño recostado en el pesebre comienza a descorrer el velo que nos impide conocer a Dios como es”. Precisa que “nuestra imagen de Dios muchas veces está distorsionada por nuestra manera humana –pecaminosa– de ver”. Mons. Bodeant explica, en este sentido, que “en lugar de un Dios de Amor, a veces vemos un dios de ira y violencia. En lugar de un Dios fiel en quien confiar, vemos a un ser arbitrario que decide caprichosamente nuestro destino. En lugar del Dios Santo, que nos llama a ser santos y nos santifica con su Gracia, vemos la figura de un déspota que impone leyes que nos parecen absurdas”.
“Pero el Hijo de Dios, que ‘por su encarnación se ha unido, en cierto modo, a todo hombre’ (GS 22) descorre también otro velo”, asegura el Pastor. “La pesada cortina que nos impide ver el verdadero rostro del ser humano. Nuestros rostros de creaturas moldeadas por las manos amorosas del Padre. Nuestra vocación a participar de la vida misma de Dios como hijos suyos. La altísima dignidad de cada persona que viene a este mundo. El Niño envuelto en pañales “manifiesta plenamente el hombre al propio hombre” (GS 22). Si en Cristo encontramos la verdad sobre Dios, también encontramos la verdad sobre nosotros mismos”.
Mons. Bodeant sostiene que “contemplando al Padre como Jesús nos lo manifiesta y contemplando al ser humano bajo la luz del misterio de Cristo, toma sentido nuestra vida y nuestra libertad”.
“El enigma del mal, la oscuridad del dolor y de la muerte, comienzan a retroceder ante la luz que brota del pesebre”, asevera el Obispo de Melo.

Al Pueblo de Dios que peregrina en Cerro Largo y Treinta y Tres
A tantos hermanos y amigos en el Uruguay y en el mundo…
“Un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2,12). Imagen sencilla y humilde, si las hay. Un bebé que tiene por cuna un cajón lleno de pasto seco para la comida de los animales. Pero esa escena es una “señal”, como dice el ángel a los pastores. El que ha nacido es “un Salvador, que es el Cristo Señor” (Lc 2,11). Es el “Emmanuel, Dios con nosotros” (Mt 1,23). Es Dios Hijo, la Palabra Eterna del Padre. El Verbo, que “se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14).
Con los ojos admirados de los pastores, contemplemos también nosotros al recién nacido. Es “Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos (…) que por nosotros los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen, y se hizo hombre”, como confesamos en el Credo.
Cur Deus Homo? “¿Por qué Dios se hizo hombre? Se preguntaba hace casi mil años San Anselmo de Canterbury. “Por nosotros y por nuestra salvación” sigue respondiendo la fe de la Iglesia.
El Hijo de Dios se hizo hombre para salvarnos reconciliándonos con Dios.
En Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre nosotros conocemos el Amor de Dios. Más aún, descubrimos que Dios es Amor. En el rostro de Jesús contemplamos al Padre misericordioso que sale al encuentro de todos.
El Niño recostado en el pesebre comienza a descorrer el velo que nos impide conocer a Dios como es. Nuestra imagen de Dios muchas veces está distorsionada por nuestra manera humana –pecaminosa– de ver. En lugar de un Dios de Amor, a veces vemos un dios de ira y violencia. En lugar de un Dios fiel en quien confiar, vemos a un ser arbitrario que decide caprichosamente nuestro destino. En lugar del Dios Santo, que nos llama a ser santos y nos santifica con su Gracia, vemos la figura de un déspota que impone leyes que nos parecen absurdas.
Jesucristo “que inició y completa nuestra fe” (Hb 12,2) nos ayuda a reencontrar la fe de los grandes creyentes. La fe de Abraham, confianza total en las promesas del Señor (Gén 15,6). La fe de María, feliz por haber creído en la plenitud de aquellas promesas (Lc 1,45). La fe de Pablo, que sabe en quién ha puesto su fe (2 Tim 1,12). Con ellos, y en especial en este Año de la Fe, renovemos nuestra confianza en el Dios Fiel a sus promesas, que nos ha enviado a su único Hijo, para que todo el que crea en Él tenga vida (Jn 10,10).
Pero el Hijo de Dios, que “por su encarnación se ha unido, en cierto modo, a todo hombre” (GS 22) descorre también otro velo. La pesada cortina que nos impide ver el verdadero rostro del ser humano. Nuestros rostros de creaturas moldeadas por las manos amorosas del Padre. Nuestra vocación a participar de la vida misma de Dios como hijos suyos. La altísima dignidad de cada persona que viene a este mundo. El Niño envuelto en pañales “manifiesta plenamente el hombre al propio hombre” (GS 22). Si en Cristo encontramos la verdad sobre Dios, también encontramos la verdad sobre nosotros mismos.
Es así como contemplando al Padre como Jesús nos lo manifiesta y contemplando al ser humano bajo la luz del misterio de Cristo, toma sentido nuestra vida y nuestra libertad. Bajo la luz apacible que brota del pesebre, descubrimos con pesar nuestras miserias. Nos estremecemos viendo hasta dónde hemos ultrajado la dignidad de los demás y la nuestra. El encuentro con la realidad hiriente del pecado en nuestra propia vida y en nuestra sociedad nos llama “a un sincero y constante acto de conversión” (PF 13).
El enigma del mal, la oscuridad del dolor y de la muerte, comienzan a retroceder ante la luz que brota del pesebre. Esa luz alcanza su intensidad mayor en la Pascua de Cristo, que con su muerte destruyó la muerte y nos dio la vida, para que, hechos hijos en el Hijo, clamemos en el Espíritu Santo “¡Abba, Padre!” (cf. GS 22).
En esa fe y esa esperanza que nos anima, les deseo de todo corazón muy Feliz Navidad.
Con mi bendición,
+ Heriberto, Obispo de Melo